viernes, 6 de julio de 2012

"Es más común ver dos hombres hablando de sexo"


   En diálogo con Cuestión de género, las integrantes de Barrilete Cósmico opinaron sobre el prejuicio machista acerca de la sexualidad, la repercusión que tuvo la obra en el público femenino y el estereotipo de hombre que suelen mostrar los medios de comunicación masivos. A continuación, un extracto de los conceptos más importantes de la entrevista:

-¿Cómo fue la respuesta del público luego de la presentación de la obra?

Lorena Funes: Tuvimos muy buenas críticas. Hasta se generaron debates: una vez estábamos en un centro cultural y vinieron dos o tres personas que miraban la obra desde un lado machista y había discusiones. Nos dijeron algo como: “¿Realmente sucede así? ¿Qué necesidad de hablarlo desde ese lugar?”. Pero estaba bueno porque significaba que, te gustara o no la obra, algo en vos estaba dejando.

-¿Por qué creen que hay que hombres reaccionan de esa manera?

Natalia Falcón: Tal vez resulta muy chocante porque, seamos realistas, es más común ver dos hombres hablando de sexo. Pero para los dos géneros es lo mismo. Lo que ustedes se preguntan con respecto a la mujer, nosotras nos preguntamos con respecto a los hombres. Se ignora que la mujer piensa igual. Tenemos tendencias distintas porque obviamente hay diferencias, pero en cuanto al pensamiento es lo mismo. Yo hablo abiertamente de sexo con hombres porque piensa igual que yo. ¿Por qué me voy a perseguir?

L.F: De repente, a algunos hombres les choca que hablemos libremente de sexo y por eso nosotras quedamos estigmatizadas.

N.F: Si vos vas por la calle y yo te grito algo relacionado con sexo, eso te descoloca totalmente. Si escuchás que el que grita es un hombre, no te das ni vuelta porque ya estás acostumbrado a eso. Que lo haga una voz femenina es más fuerte.

-¿Alguna mujer les planteó que no estaba de acuerdo con lo que hacían?

N.F: La verdad que no. Incluso algunas después se quedaban hablando de sexo. Vos pasabas por al lado un rato después de la obra y la seguían; estaban muy compenetradas.

L.F: La realidad es que se generó una complicidad con las mujeres; había un clima post-obra muy sexual. Hay algo que es real y es que en la actualidad el sexo vende un montón. Vos prendés la televisión y lo más masivo siempre es sexo, desde un lado burdo o un lado más ubicado, pero la realidad es que está en todos lados. Y quieras o no, eso también nos ayudó. Ésta es una obra que requiere complicidad con el público, sino no funciona.


Natalia y Lorena, integrantes de Barrilete Cósmico


-Por lo general, el hombre se fija mucho en el cuerpo de la mujer. ¿Cuál es, desde su visión, lo que atrae a las mujeres de los hombres?

N.F: Eso es muy personal y aparte es un tema muy amplio. Tenés la mujer a la que le gusta el cuerpo de Schwarzenegger, la que sólo se fija en la presencia, etc.

L.F: Lo que erotiza a una mujer depende de su formación sexual, de cómo vive el sexo, y eso es importante porque te da distintas perspectivas. Desde una posición superficial es imposible caracterizar a la mujer. 

N.F: Yo, personalmente, siento que lo de la mujer es más sensorial. La mujer no tiene un foco donde mirar, no encara a un hombre únicamente por su apariencia. Es algo como de piel; capaz que no abarca ni una mínima parte de lo que se apunta como hombre deseado. Yo no tengo hombre deseado, lo mío es totalmente sensorial. Debe ser porque la mujer es más perceptiva.

-¿Qué piensan del estereotipo de hombre que se muestra en programas masivos como ‘Showmatch’?

N.F: Esa imagen vende pero, ¿quiénes son las mujeres que la compran? Miran la televisión y compran la “perfección” que venden los programas y la publicidad: el rubio de ojos celestes, el ideal del hombre perfecto, del príncipe azul.

L.F: Es un cliché que se muestra pero que no se corresponde con la realidad. Se muestra en los medios pero eso no sucede. La mayoría de las mujeres con las que charlo no buscan ese estereotipo de hombre. 

Una lucha contra la violencia simbólica

   
   Cuando se habla de violencia de género, suele pensarse que su única modalidad es la agresión física. Sin embargo, el término violencia es muy amplio y puede expresarse de varias formas. Una de ellas es la violencia simbólica, que se canaliza a través del discurso y contribuye a naturalizar la desigualdad entre el hombre y la mujer.

   La obra Hombres, del grupo de teatro independiente platense Barrilete Cósmico, aborda esta desigualdad tomando como eje a la sexualidad. Natalia Falcón y Lorena Funes, las dos actrices que integran el grupo, proponen desde lo artístico una mirada crítica de los prejuicios que tiene la visión masculina –predominante en la sociedad– sobre la relación de la mujer con el sexo; el objetivo es articular un relato que permita superar los estereotipos y la mirada estigmatizadora sobre el género femenino.  

   Antes de comenzar el análisis, es preciso definir qué se entiende por crítica. Según afirma la docente y escritora argentina Susana Cella, la crítica “examina, sopesa y formula hipótesis estableciendo rupturas respecto de un ordenamiento dado, cuestionándolo en sus supuestos, en definitiva poniéndolo en crisis”(Cella, 1999, p.15)1. Se trata de un ejercicio intelectual que apunta a dudar de lo establecido, a proponer un quiebre en aquello que tiene apariencia de real, verdadero e indiscutible.

   Hombres, según esta definición, es en sí misma una crítica. Su finalidad es reivindicar un discurso sexual construido exclusivamente desde una óptica femenina y que, según las protagonistas de la obra, es objeto de cierto grado de reprobación social. “Si vos vas por la calle y yo te grito algo relacionado con sexo, eso te descoloca totalmente –afirma Natalia–. En cambio, si escuchás que el que grita es un hombre, no te das ni vuelta porque ya estás acostumbrado a eso. Que lo haga una voz femenina es más fuerte”.


   El sociólogo francés Pierre Bourdieu explica en su ensayo "La dominación masculina" que el nivel de aceptación de los discursos del hombre y de la mujer en la sociedad es distinto: "La fuerza del orden masculino se descubre en el hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra y no siente la necesidad de enunciarse en unos discursos capaces de legitimarla" (Bourdieu, 1998, p.22)2. Por eso el aporte principal de Hombres radica en que propone una mirada contra-hegemónica sobre la sexualidad.

   La construcción femenina se despliega de dos maneras: mediante el diálogo explícito sobre sexo –los personajes son dos amigas que comparten sus experiencias– y a través del cuestionamiento hacia los preconceptos de la visión masculina sobre la mujer y la sexualidad.


   El pensamiento generalizado de los hombres, tal como aparece planteado en la obra, ubica a la mujer en una posición más sensible e ingenua que aquellos. Para el sentido común, el género femenino ve en el acto sexual una declaración de amor, un compromiso sentimental que va más allá de lo corporal. A la inversa, el hombre toma al sexo, siempre hablando en términos generales, como una mera necesidad, un placer, una satisfacción momentánea.

   En la obra, la intención de equiparar los discursos sexuales del hombre y de la mujer es por demás explícita: "Ellos desconocen que una quiere exactamente lo mismo. Conclusión, hay que decirlo: 'Flaco, ¡sólo quiero sexo!'", se indigna una de las chicas. En otro pasaje, su amiga se queja por "los famosos malos entendidos: ellos se piensan que porque sos un poquito dulce y les hacés algún tipo de mimos, ya sos Julieta que no tenés Romeo".


   Si hay algo que se destaca en la obra es la ausencia de contradicción entre los dos personajes: las actrices se dan la razón en todo; lo que afirma una siempre es corroborado por la otra. Esta complicidad constante que existe entre las dos protagonistas no es producto de la casualidad, sino que tiene una finalidad específica: funciona como una analogía; el recurso de crear un consenso intenta mostrar que muchas mujeres piensan de la misma forma.

   Retomando el prejuicio de la óptica masculina con respecto a lo que significa el sexo para la mujer, es preciso señalar que su consecuencia directa es la instalación de un estereotipo, una determinada imagen social sobre el género femenino; el problema que aparece aquí es que esa conceptualización está presente en el discurso social dominante. El filósofo francés Michel Foucault plasmó en "El orden del discurso" una hipótesis sobre cómo éste, lejos de ser inocente, se configura como herramienta de censura y diferenciación social.

   El planteo de Foucault se centra en los mecanismos de exclusión social, de los cuales la prohibición es el más común. "Se sabe que no se tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa" (Foucault, 1970, p.5)3. Uno de los tres tipos de prohibiciones que proponía el autor era, precisamente, "el derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla" y señalaba que, junto con la política, la sexualidad es uno de los ámbitos donde se juegan las relaciones de poder. 

   El aporte teórico de Foucault es interesante para comprender el valor de la obra. Más allá de buscar el entretenimiento y la complicidad con el público femenino, intenta romper con esa prohibición que recae sobre la mujer y que le impide hablar abiertamente sobre sexo sin ser objeto de algún tipo de condena social. De ahí que el lenguaje utilizado en la obra, las referencias explícitas al tamaño del pene y a la satisfacción sexual y la crítica sin tapujos a la concepción idealizada del sexo se configuren como marcas de un relato que procura obtener el mismo grado de legitimidad que el discurso masculino; lo que está en juego es la lucha por revertir una imagen social generalizada y estigmatizadora sobre la mujer, una disputa por el sentido en el campo de lo discursivo.


   Bourdieu habla de "dependencia simbólica" para referirse a la construcción de estereotipos y su impacto en la imagen de las mujeres en la sociedad y señala: "Existen fundamentalmente por y para la mirada de los demás, es decir, en cuanto objetos acogedores, atractivos, disponibles. Se espera de ellas que sean 'femeninas', es decir, sonrientes, simpáticas, atentas, sumisas, discretas, contenidas, por no decir difuminadas. Y la supuesta 'feminidad' sólo es a menudo una forma de complacencia respecto a las expectativas masculinas (...)" (Bourdieu, 1998, p.86)4. La impronta del estereotipo femenino "sumiso" y "discreto" actúa como barrera para la mujer, impidiéndole construir un discurso sexual abierto y explícito que, en este contexto, está fuera de lugar.

   Resulta útil, por otra parte, considerar el papel de los medios de comunicación como legitimadores del orden social. Éstos no son entes autónomos, sino que se insertan en determinados contextos sociales, políticos y culturales; por lo tanto, comprender el mensaje que transmiten es analizar los discursos que circulan en la sociedad.
   
   En ese sentido, aunque está más que claro que la relación de fuerzas es muy desigual, el mensaje de Hombres busca afianzarse como relato alternativo al que, además de estar muy presente en la sociedad, es reflejado en programas de televisión de consumo masivo como Showmatch, donde el tratamiento que se le da a la sexualidad está atravesado por una perspectiva exclusivamente masculina.


   En el ciclo que conduce Marcelo Tinelli, el sexo es un tema recurrente. La explotación, en términos de aprovechamiento mediático, del "cuerpo perfecto" de la mujer convierte al programa en un producto dirigido mayormente al público masculino. El juego de seducción y coqueteo que propone el conductor con las bailarinas, sumado a la fuerte dosis de erotismo que rodea a los bailes de las vedettes y actrices que participan del certamen, construyen un relato sexual completamente opuesto al que se presenta en la obra de teatro. En Showmatch es el hombre quien habla de sexo, quien detenta ese "derecho exclusivo" al que hacía referencia Foucault. 

   Volviendo sobre la idea planteada al inicio, la censura a un discurso es, a su manera, una forma de ejercer violencia, mucho más sutil que la física pero no por eso menos riesgosa. El desafío de Barrilete Cósmico es, entonces, luchar contra esa violencia simbólica, proponiendo una resignificación de los estereotipos sociales vigentes y avanzando hacia una perspectiva de igualdad de género.


1- CELLA, S. (1999). La irrupción de la crítica (Introducción). En "Historia crítica de la literatura argentina (Tomo 10)". Buenos Aires: Emecé Editores.
2- BOURDIEU, P. (2000). "La dominación masculina". Barcelona: Editorial Anagrama.
3- FOUCAULT, M. (1992). "El orden del discurso". Buenos Aires: Tusquets Editores.
4- BOURDIEU, P. Op. cit


miércoles, 4 de julio de 2012

Sexualidad y discursos dominantes


   En los últimos años, la Argentina ha avanzado mucho en políticas referidas a la igualdad de género. Las leyes de matrimonio igualitario y de identidad de género se erigen como emblemas de ese proceso de profundos cambios políticos que atraviesa nuestro país.

   Sin embargo, pensar este contexto únicamente desde la cuestión legal y política sería caer en un error de concepto. Ninguna ley que pretenda revolucionar las estructuras sociales vigentes puede ser pensada sin un marco previo de transformaciones culturales que propicie su debate, sanción y aplicación. Por ende, las políticas que buscan garantizar la igualdad de derechos entre los géneros no son causa sino consecuencia de un cambio –gradual pero firme– de paradigma sobre lo que significan la sexualidad, el matrimonio, la familia, la identidad y demás conceptos socialmente instituidos.

   Atendiendo a este proceso histórico, Cuestión de género se constituye como un espacio dedicado no sólo a reflexionar sobre esos cambios culturales sino también a pensar, desde una perspectiva crítica, los modos que adoptan los discursos sociales dominantes y su reflejo en los medios de comunicación.

   Asimismo, en un intento por reforzar un debate que se ha acrecentado en los últimos años, la intención de este medio es analizar productos culturales que no tengan difusión masiva y que aborden, en forma explícita o implícita, la cuestión de la igualdad entre el hombre y la mujer, la libertad de elección sexual y el respeto a la identidad.

   En ese sentido, la obra titulada Hombres, interpretada por Lorena Funes y Natalia Falcón, las dos actrices que conforman el grupo de teatro independiente platense Barrilete Cósmico, problematiza la relación de la mujer con la sexualidad, encarándola desde una perspectiva femenina. Esta producción teatral será el objeto de estudio de esta edición de Cuestión de género, donde se intentará ahondar no sólo en las formas y los recursos utilizados por la misma, sino también en el trasfondo social que la atraviesa y el contexto político en el cual se inserta.  


Pasaje de una función de "Hombres" en el Centro Cultural "La Mecha" (1 y 65)


   El análisis de la obra abordará dos dimensiones: una explícita y otra implícita. En la primera, el foco estará puesto en la visión femenina de la sexualidad que se despliega arriba del escenario. Dos amigas mantienen un diálogo que mezcla ironía y comedia, a través del cual comentan sus experiencias sexuales; a su vez, cuestionan los preconceptos que tienen los hombres acerca de lo que significa la sexualidad para la mujer. En función del eje planteado al inicio, el abordaje de lo explícito responde al cómo se construye la sexualidad en la obra.

   Por otra parte, el análisis de la segunda dimensión tiene como finalidad responder al por qué y para qué se construye dicho relato. El objetivo es reivindicar un discurso que no circula masivamente en la televisión y en los medios de comunicación masivos y que es objeto de cierto grado de reprobación social; la obra trata, en definitiva, de vencer esa barrera cultural proponiendo que la mujer habla y opina sobre sexo tan abierta y explícitamente como lo hace el hombre.

   Por estas dos dimensiones –sobre todo por la segunda–, la obra se constituye como un producto crítico, si por crítica se entiende la aparición de un discurso nuevo que rompe con lo dado, con lo establecido.

   Para comprender con mayor claridad la importancia de retomar la construcción de la sexualidad en Hombres y su vinculación con las problemáticas de las que se ocupará este medio, es fundamental tener presente que la violencia de género no se expresa únicamente a través de la agresión física, aunque sea ésta su manifestación más cruda. Por el contrario, la violencia también puede canalizarse de formas más sutiles, aunque igualmente coercitivas.

   En ese sentido, la presencia hegemónica del discurso masculino sobre la sexualidad en los medios de comunicación –en especial en la televisión–, se traduce en cierto modo en violencia simbólica, ya que implica que la visión femenina queda reducida. Sin dejar huellas físicas, esta modalidad se configura desde lo discursivo, desde el plano del sentido. Su mayor riesgo, precisamente, es que contribuye a reforzar la diferencia entre los géneros en el sentido común.

   Por lo todo lo mencionado, el objetivo de esta publicación será ver de qué forma un espacio de producción independiente, más allá de la diferencia de recursos económicos con los grandes medios de comunicación, propone y reivindica un discurso subalterno que carece de circulación masiva, configurándose como ámbito de resistencia a lo socialmente instituido.